
En los últimos años la llamada “ola verde” .Dicha campaña ha generado, a su vez, toda una industria y comercio “verde”. Paradójicamente, la “preocupación” por la ecología llegó a los hogares bajo la forma de productos, cuyo uso promete evitar el apocalipsis ambiental: bolsas y detergentes biodegradables, papel reciclado, aerosoles que no dañan la capa de ozono, autos que contaminan menos, gasolina sin plomo. En resumen, productos y más productos. Esto último hace ver que las campañas ecológicas están insertas dentro de la misma dinámica del mercado y de la preocupación por vender, se erigen más bien como campañas anti-ecológicas, preocupadas de fondo por mantener las ventas y no por proponer un cambio real en las costumbres de la gente y en las políticas ambientales.
Nos encontramos frente a un “Ecocidio”, producto histórico y dependiente de las acciones humanas. La pérdida masiva de especies: aves, réptiles, mamíferos e insectos, así como de miles de especies de plantas, es una ruptura, rápida y profunda en el orden ambiental inducida por el hombre. La extinción que vivimos en la actualidad durante los últimos 35 años se ha acelerado a la pérdida de al menos 4 especies al día, solamente en Brasil.
A esto hay que agregar que las selvas y los hábitats de las especies se han reducido a tan sólo el 10% de sus niveles prehumanos, que la mayoría de las áreas naturales están a punto de desaparecer y que cada día aumenta más la contaminación y sobreexplotación de los recursos, el cambio climático, y la distribución de plagas y especies invasoras.
El ser humano a lo largo de su vida en la Tierra ha modificado los ciclos biogeoquímicos, el clima, ha propiciado la erosión generalizada de los suelos, la desertificación extensiva y la dispersión sin control de contaminantes tóxicos y de organismos genéticamente modificados. Esto se conjunta también con una tradición social de prácticas jerárquicas que tuvo origen desde la aparición de la agricultura y que desembocó en una sociedad de clases, el sometimiento de la naturaleza y un régimen que busca lograr siempre la producción de excedentes.
La mayor explotación y ecocidio se ha llevado a cabo después de la Segunda Guerra Mundial, con el surgimiento de grandes empresas transnacionales, protegidas por las políticas neoliberales de los gobiernos, que se han encargado de explotar la Tierra de tal manera que se ha masacrado la biodiversidad y han contaminado al planeta de manera nunca antes vista. Todo eso junto a una política de neocolonialismo, de empobrecimiento de los países para obtener sus recursos naturales y la explotación irrestricta de la fuerza de trabajo.
La gigantesca industria humana y la sobrepoblación demandan cada día más materias primas, y ello ha obligado al pastoreo excesivo, la deforestación y a la sobreexplotación de la tierra y de los recursos pesqueros.
"Hoy también se han extinguido unas 100 especies de animales y vegetales y han desparecido otras 50 000 hectáreas de selvas tropicales; los desiertos han avanzado otras 20 000 hectáreas; la economía mundial ha consumido el equivalente a 22 millones de toneladas de petróleo y, por tanto, durante esas 24 horas habremos liberado a la atmósfera otros 100 millones de toneladas de gases de efecto invernadero…"[1]
Por causa del hombre, la naturaleza contemporánea es un vestigio de su gloria pasada, asemeja a las ruinas de un castillo medieval de las que sólo podemos imaginarnos su esplendor. “Puede que sea el momento de rebautizar a nuestra especie como Homo aesophagus colossus: animal de esófago gigante capaz de devorar sistemas enteros”.[2] La dinámica actual sólo hace ver en el futuro un colapso inminente, porque el orden de destrucción de nuestros días hará insostenible también la existencia humana.
Frente al escenario anterior, ¿por qué habríamos que preocuparnos? ¿Por qué molestarse en encontrar una explicación y una solución?Porque nuestra especie depende de las otras para su existencia. Algunas especies producen el oxígeno que respiramos, otras producen nuestro alimento y mantienen la fertilidad de nuestro suelo y nos dan materias primas, otras procesan nuestros desechos. “Los humanos no sólo formamos parte de la biodiversidad sino que somos profundamente dependientes de ella”.[3]
Además de beneficiarnos de manera práctica, cada especie es única y tiene derecho a existir por el simple hecho de que añade riqueza y belleza a la vida sobre la Tierra. Es temerario que la gente, los gobiernos y las transnacionales no actúen con firmeza ante el ecocidio ecológico, siendo que la extinción en masa de las especies y la pérdida de los hábitats van, a fin de cuentas, en contra de sus propios intereses.
No basta con comprar productos ecológicos o realizar pequeñas acciones: la gravedad de la situación exige que vivamos de una manera distinta. Debemos resistir la embestida consumista de los medios de comunicación y las transnacionales, hay que mantener una postura crítica ante la industria, así como un consumo consciente y moderado que conlleva la protección de la naturaleza.
Bibliografía
Browimmer,Franz, Ecocidio, Océano, México, 2005.
Fromm Erich, Tener y ser, FCE, México, 1970.
Marcel, Gabriel, Ser y Tener, Ed. Caparros, Madrid, 1996.
Norton Bryan, “Ética ambiental y antropocentrismo débil”
1 Franz Browimmer, Ecocidio
2 Ibid, p.30 / 3 Ibid, p.31
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